San Pablo, 1 Corintios 13: 4-6

El amor es sufrido, es benigno;

el amor no tiene envidia,

el amor no es jactancioso, no se envanece;

no hace nada indebido, no busca lo suyo,

no se irrita, no guarda rencor;

no se goza de la injusticia,

mas se goza de la verdad.

Todo lo sufre, todo lo cree,

todo lo espera, todo lo soporta.


DESPLIEGA PESTAÑA

domingo, 20 de octubre de 2013

ÉRASE UN HOMBRE


Cuando ladran los perros y la noche se estrecha me asalta tu recuerdo y te contemplo atado a tus costumbres. Pienso en ti sin ira, sin dolor, sin temor, con alegría. Te siento libre, porque libre nacimos y nos dijeron que teníamos que ser: señora de…, señor de. Nunca sabré por qué este entusiasmo pleno al recordarte, a crearte de nuevo en mis recuerdos y a renovar la fuente de tu risa. Érase un hombre como otro cualquiera, pero no era cualquier hombre. A mí me pareció que estaba hecho a mi medida, a la medida de mi espíritu y que había una relación espiritual entre nosotros desde el primer día del encuentro. Él me reconoció y me llamó por mi nombre y yo supe que era él a quien buscaba. Todas las campanas repicaron en mi corazón, pero era tarde y el tiempo no perdona y las horas se iban a otro mundo para instalarse dentro de otros relojes. No sé si las horas son siempre las mismas y puede que algún día regresen de nuevo a mi reloj.

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