San Pablo, 1 Corintios 13: 4-6

El amor es sufrido, es benigno;

el amor no tiene envidia,

el amor no es jactancioso, no se envanece;

no hace nada indebido, no busca lo suyo,

no se irrita, no guarda rencor;

no se goza de la injusticia,

mas se goza de la verdad.

Todo lo sufre, todo lo cree,

todo lo espera, todo lo soporta.


DESPLIEGA PESTAÑA

jueves, 14 de febrero de 2013

PALABRAS MAYORES



Vivimos tiempos difíciles. La corrupción se ha adueñado como una epidemia de este país, que en su día supo despegar de una dictadura y echar a caminar hacia una democracia que creímos cierta. Pero, habíamos sido una España de pobres y paletos, donde cuatro ricos, caciques y enchufados, eran los dueños del lujo y la ostentación. Paralelamente a estos privilegiados crecía demasiada gente pobre, aquella gente del Nodo en blanco y negro que corría despavorida por las cintas de las antiguas películas. Gente que con el apogeo del ladrillo y con la ilusión de tener un volante entre sus manos, creyó que lo más importante era tener dinero, no cultura ni honradez. Y si no todos, muchos comenzaron a ser corredores, directores de banca, intermediarios de negocios sucios…, porque en verdad el suelo de este país se llenaba de viviendas y el que no la tenía por duplicado, ese seguía siendo pobre de necesidad. Fueron años de quiero y no puedo, pero también de muchos que pudieron demasiado. De aquellos barros, estos lodos. La policía no da abasto sacando material comprometido de tantos ciudadanos bajo sospecha. Son las cuentas de los cuentistas. ¿A dónde vamos a ir por tantos jueces? Y ¿ahora, qué? Cómo controlar este desfase de cifras, de evasión de capitales, de micrófonos debajo de las mesas. “Yo te vigilo, tú me vigilas y nosotros nos vigilamos”. Esto es como aquel juego de policías y ladrones al que jugábamos cuando éramos pequeños y nos divertíamos tanto. Ahora, son palabras mayores.

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