San Pablo, 1 Corintios 13: 4-6

El amor es sufrido, es benigno;

el amor no tiene envidia,

el amor no es jactancioso, no se envanece;

no hace nada indebido, no busca lo suyo,

no se irrita, no guarda rencor;

no se goza de la injusticia,

mas se goza de la verdad.

Todo lo sufre, todo lo cree,

todo lo espera, todo lo soporta.


DESPLIEGA PESTAÑA

martes, 12 de febrero de 2013

AHORA O NUNCA




Lina colgaba su ropa en el tendedero del patio interior de su vivienda y, a veces, coincidía con su vecino, Valentín, que hacía lo mismo en el tendero de enfrente. Más de una vez a Valentín se le resbalaban las prendas de las manos e iban a parar al fondo del patinillo, un suelo de cemento oscuro donde la ropa interior del vecino manirroto se quedaba allí, sin que a él le importase lo más mínimo. Daba un portazo con desesperación y se escuchaba cómo le reñía al perro, con el que hablaba y hasta discutía haciendo él los papeles de perro y amo. Lidia, le había puesto el ojo al nuevo vecino desde su llegada. Era un buen mozo, alto y bien plantado, con esa masculinidad que algunos hombres poseen y que se acentúa con el paso del tiempo. Ni siquiera el alcohol le había hecho mella aún. Sus cambios de ánimo era lo que no convencían a su vecina para hacerse ilusiones. Una noche, Valentín, ya de madrugada, a su regreso, y pasado de copas, no atinaba a encontrar la cerradura de su puerta. Se resbaló sobre la pared de la vecina accionando el timbre de la vivienda. Lina abrió su puerta y tiró de él como si fuera un fardo. Pensó: Tengo ya más de cincuenta años. Así que, ahora o nunca.

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