San Pablo, 1 Corintios 13: 4-6

El amor es sufrido, es benigno;

el amor no tiene envidia,

el amor no es jactancioso, no se envanece;

no hace nada indebido, no busca lo suyo,

no se irrita, no guarda rencor;

no se goza de la injusticia,

mas se goza de la verdad.

Todo lo sufre, todo lo cree,

todo lo espera, todo lo soporta.


DESPLIEGA PESTAÑA

martes, 22 de octubre de 2013

¿NOS DIJIMOS ADIÓS?





 Yo le conté a ella lo que yo no podía entender, porque no recordaba cómo sucedieron los hechos. No hubo hechos, sino palabras, frases, esas cosas que se dicen cuando la emoción embarga. Y yo no sé de dónde procedía aquella ilusión que me invadía, cuando ya me había prometido a mí misma que no habría más lugar en mi corazón para enamorarme. Se lo conté a ella, a mi buena amiga Montse. Le conté lo que pude, las tonterías que pude decirle a aquel hombre que estaba sentado a mi lado en el café. Cosas sin importancia, pienso, cosas de mi fantasía, cosas que no he podido recordar hasta ahora. Nos dijimos adiós, supongo, porque no lo recuerdo. Yo que tanto presumo de mi buena memoria. “No lo sé, Montse, no sé si le di la mano, si un beso o si nada de nada”. Sólo recuerdo que fui consciente de mi existencia después de haber caminado, como ausente, no sé cuántas calles. “Posiblemente él me robó el corazón”, le dije a mi amiga. Ella me respondió: “¡ay, María del…, cuánto miedo tenemos a ser feliz!”

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