San Pablo, 1 Corintios 13: 4-6

El amor es sufrido, es benigno;

el amor no tiene envidia,

el amor no es jactancioso, no se envanece;

no hace nada indebido, no busca lo suyo,

no se irrita, no guarda rencor;

no se goza de la injusticia,

mas se goza de la verdad.

Todo lo sufre, todo lo cree,

todo lo espera, todo lo soporta.


DESPLIEGA PESTAÑA

lunes, 15 de agosto de 2011

LA GUARDIANA DE LA NOCDHE



Tan redonda y brillante, tan cercana, nos visita la Luna y se columpia en su aro de plata. Desde China a Canadá. Desde Cádiz a Santiago de Compostela. Más cercana que nunca, atrayendo las mareas, influyendo no se sabe cómo en nuestros circuitos neuronales y en nuestras desquiciadas mentes. Menos mal que morimos y nos salvamos de nuestras creencias, de nuestra marera de ver el mundo, de nuestro aislacionismo, de nuestras frustraciones y complejos. Porque vivir es amar y la Luna es un símbolo de amor y de enamoramiento. Ella es la guardiana de la noche, el testigo que invita a los amantes a la pasión y al desenfreno. Ella es la primera fantasía de los niños que la descubren en las ilustraciones de los cuentos y en el cielo como una galleta gigante. Quién sabe si tiene algo que ver con la sangre y los ciclos de los meses, con la más estricta fisiología femenina. Quién sabe si este acercamiento nos incita a la guerra, a la lucha, al descontento, a la sublevación y al desvarío. También a enamorarnos o a sublimar aún más a ese amor platónico que nos sustente para no deprimirnos ante la certeza de saber que nadie nos ama. Para eso está Ella, redonda y radiante influyendo en el bien y en el mal, en nuestras conciencias, liberándonos y atándonos a nuestra existencia, como una matrona que se sabe inmortal y nos seduce con su brillo en las aguas, en la esquina del beso, en el lecho de muerte.

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